Inauguración: 11-11-2015 (19:00h) Fundació Antoni TàpiesExposición: 11-11-2015 > 06-12-2015.

Descripción: Pantalla, ordenador con conexión a internet y ratón. En el ordenador hay instalado un Quiz de 12 preguntas. Cada pregunta consta de 3 posibles respuestas. Las preguntas enfrentan al visitante a su conocimiento del museo. Las respuestas son cruzadas con las de los visitantes precedentes. El visitante no conocerá las respuestas correctas, solamente cuántos visitantes han respondido mejor y peor que él.

El espectador eclipsado

Los museos quieren conocer a su público, lo someten a encuestas y lo invitan a participar. Mailings, carteles y presencia en medios son los cantos de sirena que atraen visitantes. Visitantes que serán registrados, analizados y, en última instancia, monitoreados. El público, sin embargo, no tiene el mismo conocimiento de su interlocutor institucional. Antes de entrar a ver una exposición o a participar de alguna actividad, el visitante no le hace al museo las mismas preguntas que éste le ha hecho. Lejos de ser interrogado por el efecto que causara una u otra obra en su personal forma de relacionarse con éstas, lejos de ser analizado individualmente, el visitante es interpelado como representante de una colectividad. Los públicos son diferenciados por edad, por posición socioeconómica, por procedencia geográfica. Se persigue conocer la identidad de los diferentes públicos que visitan la institución. ¿Pero acaso conoce el público la identidad del museo que visita, su posición socioeconómica en el particular contexto de una ciudad, de un país?

Si bien los museos siguen hoy construyendo la representación del mundo por exclusión –mostrando unas cosas y no otras–, en relación con el público el mecanismo es el opuesto. Es a partir de la inclusión que puede organizarse el dispositivo de identificación y selección al que están llamados los museos. El museo se presenta a sí mismo como una institución integradora, abierta a todos los públicos, y será precisamente esta característica la que legitimará su espacio de poder en el contexto de las distintas instituciones públicas. La inclusión es el fin último de todo dispositivo y por eso mismo se dirige a la opinión pública no sin antes ocultarse tras el mensaje que está llamado a vehicular. El museo tiene la vocación de esconderse, de presentarse a sí mismo como una herramienta a disposición de artistas y visitantes, una herramienta inocua que no interfiere en la comunicación entre ambos. Y sin embargo, el museo ya no se legitima por las obras que exhibe sino por su capacidad de atraer públicos diversos y hacerlos actuar. Cuanta mayor es la participación, más plena es la inclusión de los públicos en el discurso democratizador que los museos enarbolan. Un ciudadano que participa es un ciudadano integrado. De ahí que sea difícil no sospechar que el interés del museo por conocer a sus públicos, por atraerlos y hacerlos participar, no sea una herramienta de integración y, en última instancia, de manipulación.

Proponer al visitante someterse a un Quiz es redoblar los esfuerzos del museo por introducir al público en la lógica de la participación. Pero esta vez el visitante no ha de hablar de sí mismo, no se le pide que regale sus datos que, de todas formas, el museo conocerá monitoreando su teléfono o localizando su dirección de correo. Tampoco se le ofrece una pantomima democrática pidiéndole el voto en un referéndum que, de todas formas, no cambiará nada. Las 12 preguntas del Quiz que aquí proponemos versan sobre la institución que el espectador se dispone a visitar. Es invirtiendo el dispositivo interrogador –no se pregunta sobre la identidad del visitante, sino sobre la del museo– como el visitante desaparece. El visitante ya no recibe el consuelo narcisista de ver su semblante infinitamente reflejado en las pulidas superficies del museo sino que es obligado a mirar un poco más allá de las fachadas acristaladas.

Un Quiz es un cuestionario en el que las preguntas no se hacen en beneficio de quien hace las preguntas, sino del que las responde. Quien desea conocer el resultado de las respuestas es la misma persona que está respondiéndolas y, sin embargo, quien ha elaborado las preguntas es otra persona. Esta operación solitaria, que a nadie importa mas que al propio interrogado, permite que el visitante deje de ser el centro de las miradas. No es el museo que desaparece mientras el visitante participa sino que participando, respondiendo a las preguntas, el visitante hace aparecer la institución. Es sometiéndose conscientemente a la manipulación como el visitante tiene la oportunidad de ausentarse y, ausentándose, apercibir el museo y su dominio. 

Equipo: Roger Bernat. Programación: Matteo Sisti Sette. Agradecimientos: Marie-Klara González. Una producción de Fundació Antoni Tàpies (FAT) en la exposición How to do things with documents (Performing the Museum) comisariada por Oriol Fontdevila.