hace unos días me llegó un misterioso mail firmado por unos “pájaros”. en él se me preguntaba sobre 5 espectáculos que me hubieran gustado en los últimos 10 años.

jardinería humana (rodrigo garcía): era el ensayo general y, como actuaba mi novia, me fumé un porro para no focalizar. el espectáculo me arrastró como una tromba de agua y casi tres horas más tarde me depositó frente a la última escena: un personaje que llora lágrimas de papel. había tanta rabia en ese espectáculo como dolor en la última escena. pensé que un espectáculo así sólo se veía una vez cada 5 años. apenas había una docena de espectadores en la sala. nadie aplaudió. en los camerinos los intérpretes escuchaban las indicaciones de rodrigo ajenos a lo que acaban de hacer. al día siguiente volví a ver el espectáculo. no eran las drogas, el espectáculo te arrastraba de verdad.

todos los buenos espías tienen mi edad (juan domínguez): éramos 10 personas en el teatro. un número idóneo para el espectáculo que íbamos a ver. juan iba mostrando tarjetas con pequeños mensajes que se proyectaban en la pantalla. no decía ni una palabra sino que leíamos un largo texto que hablaba de un proyecto teatral que, finalmente, era el que teníamos delante. recuerdo que la explicación del proyecto nos enfrentaba al artista buscando un espectáculo mientras las horas van agotándose en el estudio. de la misma manera que los minutos iban agotándose en el teatro mientras veíamos el espectáculo y, a fin de cuentas, el mismo tiempo que se consume en cualquier vida siempre plagada de esos proyectos que enmascaran el futuro.

the real fiction (cuqui jerez): hacia el final del espectáculo creía que la cabeza me iba a estallar. al empezar parecía un ejercicio muy en la onda de la no-danza. de hecho algunos espectadores ya abandonaban la sala a la media hora de haber empezado, pero al cabo del rato se convertía en una máquina que iba sumando dimensiones. lo que al principio se circunscribía al escenario, poco a poco fagocitaba todo aquello que le rodeaba. el público acababa formando parte del espectáculo, así como el técnico de la compañía, los del festival e incluso (allí es cuando creí que la cabeza me estallaba) los bomberos de la ciudad que aparecían para ser a su vez parte de la ficción. me fascina el placer de cuqui jerez por generar mundos paradójicos, me hace pensar en la película origen de christopher nolan.

figures (germana civera): había tanta gente en la sala que nos tocó estar de pie en la última fila. en el espectáculo no había más palabras que la grabación de la voz de germana que explicaba diferentes situaciones de su propia vida en las que su rostro había sido protagonista. contra la pared del fondo se proyectaban fotografías de su cara mientras ella, en el centro del escenario, se mantenía seria, inmóvil, callada y mirándonos concentradamente. por alguna razón que todavía se me escapa me brotaron lágrimas de los ojos. al mirar a mi compañera me di cuenta que ella también tenía las mejillas bañadas. el espectáculo sólo duraba 30 minutos pero no pudimos dejar de llorar hasta el final. era uno de esos espectáculos en los que, al final, costaba aplaudir.

historia(s) (olga de soto): olga de soto buscó a diferentes espectadores que hubieran asistido a las representaciones de el joven y la muerte de cocteau, estrenada en parís en el 46. el espectáculo mostraba los fragmentarios testimonios grabados en video de todos esos ancianos recordando el mítico ballet. al principio, como en un thriller, perseguía la reconstrucción del ballet pero enseguida aquello perdía interés porque el recuerdo era un acto presente y los testimonios de los espectadores eran el verdadero espectáculo. un espectáculo en el que el joven y la muerte, protagonistas del ballet original, habían envejecido en el cuerpo de los espectadores otorgándoles así la ligereza y profundidad que un día tuvieran sobre el escenario. al salir de la sala daban ganas de envejecer en los teatros.

SOS (yan duyvendack): había una pregunta que me asaltaba a menudo. me preguntaba qué pensaría de un espectáculo mío si lo viera como espectador, si me acercara a él con la “demanda” con la que me acerco habitualmente a los teatros. vi SOS el día de su estreno y apenas sabía nada del trabajo de la compañía. a los pocos minutos de empezar entendí que ese espectáculo podía haberlo hecho yo. me atornillé a la butaca algo temeroso. la mecánica del espectáculo hacía que no terminara hasta que el último espectador saliera de la sala. la gente que me acompañaba, como tantos espectadores, iban abandonando a medida que el espectáculo superaba los 90 minutos, los 120, etc. yo aguanté hasta el final, hasta que en la sala no había nadie más que los actores y yo. el estómago me hacía retortijones emocionado ante un espectáculo mío en el que no había invertido ni una hora de trabajo y que, sin embargo, me fascinaba.

fotografía de Figures hecha por Mariano Herrera.