Al entrar al teatro, en lugar de platea hay una grada cubierta de colchones y cojines. Te invitan a acomodarte. En el escenario Alix Eynaudi, la bailarina y co-autora del espectáculo te cuenta el desarrollo que tendrá la pieza. Primero un vídeo que habla del sueño; más tarde ella entrará en el escenario, realizará una serie de movimientos muy lentos y volverá a salir. Realizará esta frase repetidamente. También nos cuenta que el objetivo del espectáculo es hacernos dormir. 

Efectivamente, es cierto. Aunque me resisto a dormirme, la lentitud y la repetición hacen que mis párpados pesen más y más. Se empiezan a oír algunos ronquidos entre el público. Veo el espectáculo en duermevela. Sentir que somos unas 50 personas durmiendo al mismo tiempo en la misma sala me reconforta. De todas maneras adivino en la oscuridad algunas personas que se resisten a dejarse llevar por el sueño. 

Finaliza el espectáculo. Nos despertamos. A algunos les cuesta más que a otros. No hay legañas en los ojos pero casi. Es bonito ver al público desperezarse, los cojines retorcidos y oír un extraño silencio en la sala. En el foyer el embajador belga en Tallin nos obsequia con cerveza belga. Feliz desayuno. 

Se podría decir que Kris Verdonck hace teatro industrial si entendemos que la industria a partir de la segunda mitad del siglo pasado ya no se vuelca en transformar la materia sino que se dedica a transformar los comportamientos.  Ya no se trata de vender cosas sino de vender hábitos. Por tanto, el centro de la transformación de la materia ha cambiado y lo que algunos artistas empiezan a plantearse como materia de trabajo ya no es el objeto sino el comportamiento.

Las segundas vanguardias ya abandonaron la fabricación de objetos para cuestionarse y construir desde la acción. Algunos lo hicieron para liberar al arte de sus ataduras comerciales, otros para sacarlo de sus templos y volverlo a llevar a la calle donde podría comprometerse políticamente, y aún otros para resacralizar el quehacer artístico. Pero desde la perspectiva actual, en todos los casos de lo que se trataba era de juzgar el comportamiento como material artístico, lo que a todas luces ha sido desde siempre responsabilidad del teatro.

Sin embargo esta nueva mirada sobre el comportamiento no era deudora ya de la artesanía teatral. Los artistas que se acercaban con nuevos ojos al universo teatral eran ajenos a las viejas técnicas que había atesorado el teatro durante siglos. Representación, escenografía, intérprete, figurín, ensayo eran palabras que desde la perspectiva de las artes visuales cobraban nuevo significado. No era de extrañar, el universo teatral había sido saqueado desde la política espectacular desde principios del siglo XX. Ahora los artistas trataban de responder a la espectacularización del mundo con su mismo vocabulario.

A principios del siglo XXI una nueva generación de artistas teatrales se acerca al teatro habiendo asimilado la redefinición que desde la política y el arte se ha dado a un vocabulario que nos parecía especializado y propio. Kris Verdonck es un buen ejemplo. 

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