En Agosto de 2021 Carmen Romero del FITAM (Santiago de Chile) me llamó para encargarnos una segunda parte del Desplazamiento del Palacio de la Moneda en ocasión del Proceso Constituyente chileno. En lugar de una segunda parte, propusimos un Proceso Reconstituyente:

  • PROCESO: Una estancia con camastros. Llega un niño. Se pone el pijama y se mete bajo las sábanas. Una persona se sienta junto al cabezal, abre el libro y empieza a leer. A partir de entonces los espectadores se turnan para leerle al niño durante toda la noche. Los demás escuchan o se abandonan al sueño hasta que llega su turno de lectura. En un rincón, un músico teje una banda sonora. Al llegar a la última página, cuando ya se está haciendo de día, el niño se despierta. Final. Aplauso.
  • LIBRO: Unos días antes, la poeta y médium Núria Martínez Vernis, junto a otras poetas de la ciudad, le cuenta a un niño de cera un largo poema que dura toda la noche. Grabamos ese en-cuento que es al mismo tiempo una invocación a los fantasmas del pasado y una adivinación del futuro. Se transcribe y corrige el texto fruto de la performance. Se encuaderna e imprime para que sea la multitud la que emprenda la tarea colectiva de leerle a la criatura.
  • MÚSICA: A la muerte de un niño, se organiza una fiesta en la que se canta y baila en presencia del cuerpo engalanado de la criatura. Es una invocación para que ésta suba al cielo y se torne ángel. Pep Gimeno “Botifarra” relata que, en la Valencia de inicios del siglo XX, todavía se realizaban este tipo de fiestas, donde se cantaban coplas que hacían primero alusión a la muerte y luego cobraban carácter festivo, amoroso e incluso picante.
  • RAÍCES: En la antigua Grecia se comunicaban con los muertos en los santuarios nigrománticos. Los chamanes invitaban a los asistentes al sueño para luego agitar espantajos e importunarlos. El estado de duermevela facilitaba el contacto con los fantasmas. Al día siguiente, los oscuros mensajes llegados del sueño como poemas, solo podían ser interpretados por los mismos chamanes que organizaban las ceremonias.

ASAMBLEA HIPNAGÓGICA, por Roberto Fratini

Hay cuentos para dormir, y una Historia para no dormir. Entre los primeros y la segunda se mece el misterio de todos aquellos que nos decimos soñadores para seguir delirando a nuestro antojo. De esto va, de esto sirve el Proceso Reconstituyente. Durante toda la noche, el público se deja visitar por los fantasmas del pasado para imaginar el futuro en el único lugar que sigue siendo re-constituyente: la noche, el sueño.

Puede que estar rendidos sea la última manera de no rendirse. Y que se pueda, al despertar, escribir frescamente el mañana. Quizá la noche traiga consejo. Pero puede también que, de la misma manera que el lenguaje distorsiona los sueños cuando los describe, la letra positiva de la ley distorsione las utopías cuando las formaliza.

El estado de duermevela no te permite saber nunca en qué momento te dormiste de verdad, en qué momento empezó el show verídico, la mentira reveladora. En qué momento la voz del cuento se trocó en música de ensueño. En qué punto la historia se difuminó en mito. Si fue historieta la Historia. Lo que sí sabemos es que el sueño es el estado de excepción desde el que se dicta la ley.

¿De qué mentira a qué mentira nos traslada el dormir? La letra diurna de la ley es muy torpe a la hora de traducir las visiones del futuro que la inspira. Sólo la poesía, que impugna sin refutar, que afirma sin asentar; sólo la poesía, que afirma la inutilidad de la verdad; sólo la poesía, que es un fraude sagrado; sólo la poesía, que siendo baja cocina se pretende divina, guarda intacta la ambivalencia del sueño.

Creímos componer nuestras constituciones como poemas colectivos, creyéndonos poetas y creyéndonos colectivos. Olvidamos que creerse poeta es la principal actividad de los poetas de verdad; y que los poetas de verdad son honestos al mentirse a sí mismos. Saben que los muertos hay que inventárselos.

Tenemos el vicio de pedir boletos ganadores a los muertos. De pedirle al No más información sensible del Aún no. Por el vicio de creer, como en los viejos santuarios necrománticos, que los muertos nos visitan preferentemente de noche, cuando más nos parecemos a ellos.

Antes de dormir aturdimos a nuestros hijos con cuentos y nos aturdimos a nosotros con Historias, esperando ver en qué transforma la noche tanta chatarra: en qué bonitos sueños convierte los horrores de ayer, y en qué pesadillas nuestras mejores intenciones. No daríamos tanto crédito a los fantasmas de no saber que tan solo estamos soñando. Es nuestra Pesadilla en la calle Elm. Y aún así es un consuelo.

Consuela soñar la revolución cuando ésta no llega. Y consuela que los niños sepan hacerla en sueños cuando los adultos no sabemos hacerla despiertos. Hay que aceptar entonces que en el momento en que el niño se duerme, ya eres tú el muerto que habla, el cuentacuentos, el teatrero y el monigote, el cartero y el mensaje. Tú eres el que se ha desvelado para esconder una cuna. Eres tú el fantasma de las ensoñaciones de un niño.

EQUIPO: En este nuevo proceso han colaborado o deberían colaborar Núria Martínez Vernis y Martín BakeroPedro Granero Roberto FratiniJoan Solé y Helena Febrés.

Imagen de Jesús Monterde

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