La obra educativa instruye por ser representada, no por ser vista.
Por principio, la obra educativa no necesita público, pero puede sacar provecho de él.
En la base de la obra educativa está la esperanza de que quien la represente sea socialmente influenciado por la ejecución de acciones, actitudes y discursos muy concretos.
Los criterios estéticos ante la caracterización de los personajes, que se aplican a las obras con público, quedan excluidos de las obras educativas.
La forma de la obra educativa es rígida, pero solo para que las partes de invención personal y de actualidad puedan ser fácilmente inseridas.
En cuanto a la escenificación, hay que tender, dentro de ciertos límites, a una entrada en escena libre, natural y personal del actor.
Esta denominación [obra educativa] solo es válida para piezas que son instructivas para quien actúa. Por tanto, no necesitan público.
"Zur Theorie des Lehrstücks" Fragmentos. Bertolt Brecht, 1937.