Nuevo libro de Óscar Cornago. Es interesante que Óscar plantee el mito de la acción, el culto a la subjetividad (Rodrigo García, Angélica Liddell…) y las derivas místico-comunitarias (Ana Borralho-Joao Galante, yo mismo…) como tres de los principales ejes del libro. Me atrevería a decir que el teatro del siglo XX se construye sobre estos tres pilares. Y en el siglo XXI se sigue problematizando el camino que ya otros tuvieron que transitar. En este sentido, vale la pena leer Danser avec le IIIe Reich de Laure Guilbert donde se pone de manifiesto lo rápido que fueron engullidas ciertas poéticas de la danza moderna durante el ascenso de Hitler al poder. El papel nada secundario que interpretaron coreógrafos como Rudolf von Laban o Mary Wigman a la hora de escenificar la nueva política. En ese período –solo es un ejemplo– el arte se puso al servicio del poder y viceversa. A los coreógrafos ya les venía bien ser aupados a la categoría de líderes espirituales con el incremento de ayudas económicas, visibilidad y posibilidad de desarrollar sus poéticas que eso comportaba. Esa alianza ayuda a entender que la fantasía de la acción no solo ha sido un acicate para la política (solo hay que leer las críticas al nuevo gobierno de Ada Colau) sino que ha acompañado y es constitutiva de las aspiraciones de un teatro que militaba y milita en la performatividad.

Al final del libro de Cornago hay un texto muy bonito en el que reescribe EL DESPLAZAMIENTO DEL PALACIO DE LA MONEDA que hicimos en enero del 2014 en Santiago de Chile.

Óscar Cornago, sentado, segundo por la izquierda.

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